Momento pingüino.

Ahora, mientras los estudiantes están trabajando en sus huevos de Pascua, es tiempo de confesar algo. Esta entrada empieza igual que la celebérrima canción de Isabel Pantoja. Y no lo hago porque quiera aprovecharme de este blog para airear mis intimidades sino como reconocimiento a todos los profesores, maestros, monitores... que se atreven a irse con escolares fuera de sus casas, en especial para aquellos docentes que incluso llegan a pasar noches con sus alumnos en alojamientos varios. Son tantas las incidencias, las anécdotas, las historias, las vivencias... que han tenido que pasar esos valientes que cada día que me hago más mayor y mi antigüedad como profe se hace más grande, me admiran más y más. Esta parte de nuestra profesión debiera ser considerada sí o sí de "alto riesgo".

Valga como ejemplo lo que me ha pasado hoy. Me levanté a las 7 de la mañana para asearme, vestirme y estar en el desayuno a eso de las 8. Ayer no pude ducharme porque nos acostamos muy tarde en la noche y estábamos muertos. Y cuál ha sido mi sorpresa cuando le he dado al grifo caliente de la ducha y nada. Eso salía frío, frío, frío... Bueno lo de "frío" se queda bastante pequeño. El agua cortaba. Ante la imposibilidad de coger, volverme a vestir, ir a Recepción, pedir una reparación a los Servicios Técnicos que vendrían Dios sabe cuándo, decidí hacerme el osado y ducharme con lo que había. Mi cuerpo ha reaccionado con un grito gutural de proporciones desconocidas para mi garganta. Mi espalda ha sufrido una convulsión equivalente a la de un descenso por el Dragón Khan de PortAventura, mi corazón ha empezado a hiperventilar porque el pobrecito se ha puesto a bombear sangre con fuerza para evitar el colapso general de mi organismo, mis piernas flaqueaban y temblaban como una gelatina... He salido con el pelo mojado en fase de congelación a desayunar y he necesitado un té a 100º centígrados para poder recuperar la temperatura corporal. 

Señoras y señores, esto no está pagado. Sí algunos pensarán... ¡Claro! ¡No será para tanto! Me he bañado en la Cueva del Gato en Benaoján o en el Nacimiento del Río Mundo en Cazorla y este momento pingüino que he vivido hoy lo supera todo.  

De ahí que me haya acordado de esos compañeros docentes que habrán pasado por tantas penurias y angustias en sus periplos escolares. Lo mío se queda en la categoría de anecdótico.

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